Eduardo Galeano

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domingo, 24 de noviembre de 2013

Quemar hasta las últimas naves




  • Mientras en la calle miles personas protestan por las miserias que esta crisis junto a estos recortes están llevando a la mayoría de la población a sufrir, otros miles aguantar bajo la ignorancia en su casa esperando que el milagro llegue y los saque de su letargo. Muchos de estos que callan piensan que todo esto es obra de un castigo divino y que por tanto nos lo merecemos; Han vivido toda su vida bajo el látigo de sus gobernantes; Ellos son los elegidos, y por tanto ellos deben de saber más que los demás. Son mareas de personas que han vivido toda la vida cumpliendo órdenes, creen que siempre ha sido así y así seguirá siéndolo; su resignación es tal que incluso si los mandaran despeñarse por un acantilado, lo harían ciegamente rezando y cantado el -MEA CULPA-. Algunos dirán que soy injusto hablando así; que existen muchas circunstancias especiales; Yo solo digo que no me vale, que no estoy dispuesto a ponerme en la fila y ser conducido al matadero como un cordero silencioso; antes prefiero quemar hasta las últimas naves y saltar de ese tren en marcha y romperme los huesos en el intento. Muchos estamos dispuestos a no dejar pasar más tiempo, seguir denunciado hasta desgañitarnos, a quedarnos aunque sea solos, aunque seamos considerados locos…otros muchos fueron considerados locos en otros tiempos y hoy sus locuras son las bases de nuestro bienestar. Los bultos en masas arrastrándose arrodillados hacia los altares, jamás escribieron la historia, solo fueron lastre perjudicial, solo al final beneficiario de las luchas de los llamados rebeldes, inconformistas, luchadores. Mucha vergüenza siento cuando aún hoy familias enteras ocultan el pasado de algunos de los ejecutados durante la dictadura, como si les diera vergüenza… vergüenza deberían sentir de no reconocer el gran valor que estos con sus actos hicieron por todos los demás. Así que no me valen disculpas, ignorancias, etc. Y solo les pediría que cierren sus puertas con doble vuelta de llaves, con trancas los postigos de las ventanas, que apaguen las luces; así lo que ocurra en su entorno les será ajeno; pues por desgracia nosotros tuvimos ya topos que si salían a tomar el aire eran fusilados.