Eduardo Galeano

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jueves, 30 de abril de 2015

Terrorismo Politico







Hay que ocultar a los pobres para que Madrid no parezca lo que es. ... Albert Rivera subiendo el pan y Espe echando a los pobres de la plaza.

Ya que no hay forma humana, ni inhumana, de impedir el agravio de la pobreza, nos estamos dedicando a procurar que los pobres sean invisibles. La propuesta de que los menesterosos sean transparentes tendrá éxito, sin duda. Siempre han sido un reproche. En tiempos conseguían que nos remordiera la conciencia, que siempre ha sido de largas digestiones, a los que solíamos dar limosna a horas fijas, preferentemente después de misa de doce. Yo, sin ir más lejos, he participado en aquellas inolvidables mañanas líricas que inventó en su teatro Lara de Madrid quien, por cierto, era la persona más generosa que he conocido en mi larga vida. A Conrado Blanco le gustaba compartir. Sabía por supuesto que los desharrapados existen, pero prefería no frecuentarlos de cerca. Citaba a los poetas de 'alforjas' después de misa de doce, como si todos fuéramos a misa en aquellos tiempos del nacionalcatolicismo, que abundaban en descreídos, que éramos al mismo tiempo genuflexos dominicales. Eran otras épocas, en la creencia de que no sean la misma.

Lo mejor que se puede hacer con los pobres es no mirarles a la cara, no se vaya a correr el riesgo de que se nos caiga de vergüenza. Representan una acusación y por eso el gran Federico García Lorca, que era un genio de verdad, llegó a ver a los pobres como si estuvieran hechos de otra sustancia, «como los animales», dicho en sus propias, misericordiosas palabras.

El desagrado que produce contemplar la miseria intenta atenuarlo Esperanza Aguirre, que dice que hay que echar de la calle a las personas sin techo. Hay que procurar que no las veamos. Podemos evitar su presencia, pero no su condición. Solo hay un procedimiento para impedir que no nos pidan limosna por la calle, excluido el de no salir de casa: es evitar que los que no tienen techo salgan a la puñetera calle. Corazón que no siente no es un corazón.
Con tanto mendigo la Espe podría organizar los Juegos del Hambre. Es lo más cerca que estaría Madrid de unos JJOO”

Cuando algo molesta, en lugar de arreglarlo, lo mejor que se puede hacer es eliminarlo. Es lo que parecen pensar en el PP. Ya lo hicieron con las imputaciones, cambiando su denominación en lugar de eliminar del partido a todos los imputados como muestra de estar contra la corrupción. Ahora hay investigados, y hasta que los ciudadanos nos acostumbremos a esta nomenclatura, pasarán años. Esperanza Aguirre pretende hacer lo mismo pero con las personas que viven en las calles de Madrid. Va a realizar un profundo estudio de por qué “está permitido vivir en la calle”. Según sus propias palabras, “antes venía el Samur Social y se limpiaba toda la zona”. Es decir, para no ver la miseria, lo mejor es barrer las calles de aquellos que han tenido la mala suerte de caer en desgracia y no tienen dónde vivir. ¿Cree la señora Aguirre que están en la calle por gusto? Tal vez no sepa que muchos son víctimas de las políticas restrictivas y de recortes impuestas por su partido. Su intención no viene de un interés social, sino por un interés económico: no vayan a ver los turistas la realidad en la que nos ha metido Rajoy y su equipo. En lugar de preocuparse por eliminarlos de la vista de todos, debería preocuparse por cambiar sus condiciones de vida.

¿Alguien piensa que se pueden afrontar unas elecciones con el punto de mira puesto en si hay catástrofe o no en el PP o en el PSOE? La respuesta es sí, para aquellas personas (y son muchas) para las que la cantidad de votos prima frente a la calidad de las propuestas que puedan aparecer en un programa electoral determinado. ¿Qué candidatos y de qué partido explican sus programas electorales y ofrecen soluciones válidas a la ciudadanía que se siente impotente, despreciada, ninguneada por la clase política? ¿Qué espacios de diálogo, no de enfrentamiento, han planificado quienes aparecen como responsables de las campañas? ¿Dónde se nos sitúa a la ciudadanía, en quienes repercutirán, en definitiva, las decisiones tomadas por nuestros futuros representantes? ¿A alguien le interesa mi voto? A quien le interese que me hable de responsabilidad política, de servicio sin fisuras a la ciudadanía, de honestidad, de gestión transparente sin opacidad alguna, de respeto a todas las personas, de entrega a la más hermosa de las actividades: la labor incansable por el bien común, es decir, la labor política.

Ya vale de trepas insaciables, de vividores a cuenta de nuestros impuestos, de ladrones sin medida. Ya vale de ausencia de valores en el ámbito de la política. Ya vale de abusar de nuestra indefensión. Ya vale de personas irresponsables, repetidoras hasta la saciedad, que aparecen de nuevo como candidatos.