Eduardo Galeano

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miércoles, 1 de octubre de 2014

Los esclavos modernos, se creen todavía ciudadanos.




Creen votar y decidir libremente quién conducirá sus asuntos, como si aún pudieran elegir
Pero, cuando se trata de escoger la sociedad en la que queremos vivir, ¿creen ustedes que 
existe una diferencia fundamental, entre la 
socialdemocracia y la derecha populista en
 Francia, entre demócratas y republicanos en Estados Unidos y entre laboristas y conservadores en el Reino Unido? No existe ninguna oposición, puesto que los partidos políticos dominantes están de acuerdo en lo esencial: la conservación de la presente sociedad mercantil.

Ninguno de los partidos políticos que pueden acceder al poder pone en  entre dicho el dogma del mercado. Y son esos mismos partidos los que, con la complicidad
mediática, acaparan las pantallas; riñen por pequeños detalles con la esperanza de que todo siga igual; se disputan por saber quién ocupara los puestos que les ofrece el parlamentarismo mercantil. Esas pobres querellas son difundidas por todos los medios de comunicación con el fin de ocultar un verdadero debate sobre la elección de la sociedad en la que queremos vivir. La apariencia y la futilidad dominan sobre el profundo enfrentamiento de ideas. Todo esto no se parece en nada, ni de lejos, a una democracia.
La democracia real se define en primer lugar y ante todo por la participación masiva de
 los ciudadanos en la gestión de los asuntos de la ciudad. Es directa y participativa.
.Encuentra su expresión más autentica en la asamblea popular y en el dialogo
permanente sobre la organización de la vida en común. La forma representativa y
parlamentaria que usurpa el nombre de democracia limita el poder de los ciudadanos al
simple derecho de votar; es decir, a nada.
 Escoger entre gris claro y gris oscuro no es una elección verdadera
Las sillas parlamentarias son ocupadas en su inmensa mayoría por la clase económicamente dominante, ya sea de derecha o de la pretendía izquierda social demócrata.

No hay que conquistar el poder, hay que destruirlo. Es tiránico por naturaleza, sea

ejercido por un rey, un dictador o un presidente electo La única diferencia en el caso de la “democracia” parlamentaria es que los esclavos tienen la ilusión de elegir ellos mismos al amo que deberán servir. 
El voto los ha hecho cómplices de la tiranía que los oprime
Ellos no son esclavos porque existen amos, sino que los amos existen porque ellos han elegido mantenerse esclavos.