miércoles, 28 de enero de 2015

Nos hemos olvidado que eran de los nuestros




Los resultados de las elecciones griegas, pese a haberse confirmado los pronósticos, han sido recibidos por muchos como una conmoción, y por no pocos como un error por parte de los griegos, del que ahora será menester sacarlos llevando al líder de la triunfante Syriza al redil de la razón austera (esa que profesan Merkel y el Bundesbank y a su dictado toda la Eurozona, mientras en Londres o Washington van a su bola y crean empleo). Los que juzgan ese empeño impracticable dibujan ya escenarios apocalípticos, con un Tsipras impermeable a toda sensatez provocando el impago de la deuda, la crisis del euro y la eventual salida de su país de la moneda única. Pero los cataclismos no se producen con tanta facilidad, cuando en las dos partes hay inteligencia y voluntad de hallar un entendimiento y, lo que es aún más decisivo, cuando existe la necesidad de alcanzarlo.

Algunos no creemos que los griegos se hayan equivocado, entre otras cosas porque el fundamento mismo de la democracia (que, por cierto, inventaron ellos) es que la voluntad mayoritaria define en cada momento el mejor itinerario que puede seguir una comunidad. A veces, y a posteriori, la Historia determina que la decisión de la mayoría fue desafortunada, pero a menudo, cuando tal sucede, el error no está en esa decisión popular, sino en factores previos e ignorados por los votantes, o posteriores y que escaparon a su voluntad expresada en las urnas o incluso la contravinieron. Al margen de estas consideraciones teóricas, más de la mitad de los griegos (si contamos, junto a los votos de Syriza, los de otros partidos nuevos) han considerado oportuno lanzarle a Europa un claro mensaje

Puesto en pocas palabras, se resumiría así: «No nos habéis tratado como se trata a la propia gente, nos habéis cobrado sin piedad nuestros errores como sociedad y aún hemos tenido que pagar los yerros de quienes en otro momento, entre nosotros, eran vuestros factores y agentes. Como europeos, desearíamos más consideración, y os pedimos que, ya que hemos de pagar por lo que hicimos mal, nos déis una oportunidad de hacerlo sin perecer en el empeño».

No merece la pena abundar en los graves descontroles de las finanzas públicas y privadas griegas. Cuando un hijo mete la pata en un negocio o en su vida personal, la reacción de la familia no es sumarse a sus lapidadores, sino tratar de echarle una mano, arrimándole una ayuda que a lo mejor no se ha ganado, para que se rehaga y se enderece. Y eso, que sin duda lo habría hecho por los franceses o los británicos, la Europa germánica no lo ha hecho por los griegos.

Nos hemos olvidado que eran de los nuestros, y ellos le han dado el poder a quien va a recordárnoslo. Así se llegará a mejores acuerdos. Por el bien de Grecia. Por el bien de Europa.

martes, 6 de enero de 2015

Apagaba su viejo televisor a distancia con el mango de una escoba.



Por qué lo llaman populismo si, en realidad, lo que se quiere decir es justicia social. Por qué lo llaman populismo si semejante término ni siquiera está registrado en el diccionario de la Real Academia. Es increíble; hay “populismo” en Reino Unido con el partido UKIP, en Grecia con Syriza, en Francia con Marine Le Pen, en Italia con el Movimiento Cinco Estrellas, en España con Podemos y hasta en Estados Unidos con “el nuevo populismo” de la senadora demócrata Warren; quien, por cierto, como casi todos los “populismos”, lo único que predica es justicia social: que las grandes corporaciones económicas dejen de actuar en el Senado como lobbies para obtener beneficios y exenciones fiscales.
Si en algo están de acuerdo economistas de pelaje variopinto, desde keynesianos a ultraneoliberales (los datos se manipulan, pero no pueden ocultar por entero toda la verdad) es que la crisis la han pagado con creces los pobres y las clases medias. Los ricos han ganado más dinero que nunca. “Las brechas se han ensanchado” es el eufemismo que se recita.
Entonces, ¿a qué viene amenazar a la opinión pública con que vienen los populistas? (Esta palabra sí existe). ¿Acaso abogar por los intereses de la gente común es algo peligroso? Otra cosa es que llegados al Gobierno, si es que llegan, quieran o puedan cumplir sus promesas.

Soy autónoma y cumplo con mis obligaciones a rajatabla, tanto las que tienen que ver con la Seguridad Social, como con mi IRPF e IVA. Sobre todo el bendito IVA, que ha hecho que muchas veces tire de mis tarjetas de crédito para pagar en los plazos establecidos.
Hice mi declaración el 9 de mayo de 2014 en la que me debían devolver casi 6.000 euros, fruto de mis 12 horas de trabajo diario, incluido algún fin de semana y festivo.
Soy madre divorciada, por lo que durante este tiempo he tenido que sortear cambios de estaciones para un niño que crece, vacaciones de verano sin salir ni a la esquina, vueltas al cole y ahora una cuesta de enero que se prevé abismal, no precisamente por los regalos y las cenas con los amigos, sino por volver a empezar otro mes y ahora otro año en números rojos. Y yo sigo esperando, después de siete meses, que me paguen el dinero que me corresponde.
El 5 de enero me pasarán un recibo aplazado del IVA que ya no podré sortear, y la respuesta en Hacienda es que están “comprobando mi declaración” (¡Llevan siete meses de comprobación!) y que no me preocupe “que a partir del 1 de enero voy a ganar intereses”; ¿qué suerte no?

El dinero no da la felicidad pero calma mucho los nervios, dice Woody Allen. Estamos asistiendo a una época en la que se están descubriendo los ingresos exagerados que percibían una serie de personajes que, mientras reducían los salarios de sus empleados, o de toda la ciudadanía, ellos se aplicaban cantidades sin atenerse a control ninguno. Por otro lado, se lee que en los mercados hay excesiva liquidez y no se sabe en qué invertir. Hemos comprobado a qué nos ha abocado este exceso de liquidez y la falta de control existente.
En la época opulenta, hasta el PSOE se negó a subir el impuesto a los muy ricos. Así que parece que hay suficiente dinero para que pueda calmar más nervios de los que en la actualidad calma, y evitar esta bacanal de avaricia a la que, perplejos, asistimos. Hace falta una mejor distribución de la riqueza y mayores impuestos a las grandes empresas y fortunas. Y entonces, Woody Allen habría tenido razón

La fuente de financiación del BEI es la emisión de bonos, los países miembros son accionistas del BEI y por tanto proporcionan un respaldo en términos de capital.
La principal función del BEI es aportar financiación de largo plazo y a tipos de interés favorables (después de aplicar un coste de intermediación muy bajo) para proyectos consistentes con los objetivos de la UE. Para poder mantener la calificación de triple A, el BEI debe minimizar el riesgo crediticio en sus proyectos. Un cambio en este modelo de gestión (tomando más riesgo) como parece desprenderse de su participación en el Plan Juncker puede hacer perder al BEI su actual calificación y esto repercutiría en un aumento del coste de financiación de todos sus prestatarios y no solo los asociados con los proyectos del Plan Juncker.

El BEI puede equipararse a una caja de ahorro a nivel europeo, donde la ventaja financiera se traslada a proyectos de interés europeo en lugar de obra social. De igual forma, la actual presión para que el BEI tome más riesgo se puede comparar con la injerencia política en las cajas de ahorros en España, por pura miopía financiera y conveniencia de corto plazo, que solo ha servido para enviar a la quiebra a la mayoría de ellas y destruir la credibilidad de las que han sobrevivido.

Me siento en el sofá por fin, dispuesta a vaciar mi cerebro después de un día agotador, frente al televisor. Y, sin querer, tiro al suelo el mando a distancia, que cae de pico, abriéndose en dos y mostrando su escueto contenido de cables y bombillitas. Intento montarlo de todas las maneras posibles, pero no funciona, así que me dirijo al aparato receptor (en términos del manual informático que merece otra carta aparte) y me pongo a buscar algún botón o tecla escondidos que me permita cambiar de canal de forma mecánica, es decir, a dedo. Sin embargo, esta opción debe ser de lo más rara, porque por más que sobo y resobo e incluso acaricio el aparato en un momento de desesperación pensando que quizá con las buenas maneras me responda… mientras continúo hablando sola, y maldigo y rezo a ese dios menor que se ocupa de la electrónica... no consigo encontrar ningún mecanismo para encenderlo que no sea el maldito mando a distancia que yace a mis pies desguazado. ¿Es esta la supuesta comodidad que nos ofrece la electrónica, la hig-tech,las nuevas tecnologías? Por favor, señores informáticos, ingenieros de telecomunicaciones, directores de proyecto, fabricantes... ¿sería mucho pedir un botón manual, una clavija, un algo a lo que apretar cuando todo lo demás falla? Consuela mucho tener una salida de emergencia.
El padre de una amiga mía encendía y apagaba su viejo televisor analógico a distancia con el mango de una escoba, eso sí que era una herramienta útil y fácil de encontrar.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Las élites políticas utilizan a los partidos para sus intereses privados




Son abrumadores los datos que sugieren que España se encamina hacia un fin de ciclo político. Nunca como ahora se había dado una percepción tan altamente extendida de desafección política, a consecuencia de la gestión de la crisis y del desánimo que provoca la reiteración de episodios de corrupción. Es por ello que PP y PSOE están experimentando significativas y quizás irreversibles pérdidas electorales, a decir de algunas encuestas, además de que, sin llegar al extremo de otros países europeos donde, por idénticos motivos reverdece el populismo, la xenofobia o el nihilismo, emergen opciones políticas de nuevo cuño. Asistimos, pues, a una insólita crisis de legitimidad de las instituciones políticas y representativas.
Pero nos equivocaríamos si pensásemos que la desazón que ha provocado la crisis tiene su origen exclusivamente en la falta de pericia de nuestros gobernantes o en las reformas estructurales y dolorosas medidas antisociales propias del recetario neoliberal imperante. Porque, más allá de eso están los déficits democráticos y el obscurantismo de nuestro modelo de gobernanza económica ejecutado, por un lado, por una troika de rostro desconocido, una élite de tecnócratas que ostenta una hegemonía tal que le permite hacer y deshacer a su antojo, forzando cambios de Gobierno en Grecia e Italia, impidiendo referendos en Grecia o imponiendo reformas constitucionales en España. Y, por otro, por un Ejecutivo español que gobierna a golpe de decreto ley y anula a diario el poder legislativo, con la complicidad de un TC cuyas extemporáneas resoluciones llegan cuando se han materializado sus efectos y que se muestra en exceso deferente a la hora de interpretar la concurrencia de supuestas causas de urgencia y necesidad.
Por otra parte, como se ha dicho, no hay duda que la ética pública pasa por el peor momento en democracia. Los escándalos de corrupción no sólo están adquiriendo una gran relevancia mediática, sino que están contribuyendo a erosionar la credibilidad del sistema político y, en general, de la res pública. La mayoría de episodios conocidos constituyen fenómenos insidiosos que suponen expolio del patrimonio público: se basan en el ofrecimiento y la recepción de sobornos a cambio de contraprestaciones; en el despilfarro y la mala asignación de fondos y gastos públicos; en el tráfico de influencias; y otras transgresiones graves como la financiación ilegal de partidos políticos. Pero resulta tan dañino para la imagen de los partidos y de las instituciones estos hechos como su aparente impunidad vía indulto, beneficios como el aforamiento o el limbo penal de la financiación irregular de partidos. Por ello, aunque es plausible, como afirmaba Paloma Biglino en estas mismas páginas, que sea dudoso plantear estos casos como un problema de la democracia, teniendo en cuenta que cualquier cargo público puede caer en conductas ilícitas, y que deben proponerse medidas de robustecimiento de nuestro ordenamiento jurídico, no es menos cierto que la causa eficiente de la corrupción, percibida como un ataque a los fundamentos que rigen la convivencia social, como una gravísima contravención de las reglas éticas y jurídicas que genera por su recurrencia una sensación insufrible de que la política es el arte del engaño, no se halla no sólo en la avidez de unos cuantos políticos o funcionarios sino también en la tupida red de búsqueda de favores indebidos que supone el coste exponencial de las campañas electorales y de la actividad cada día más onerosa de los partidos políticos, además de los mecanismos que estos proveen para garantizarse la impunidad en muchos casos.
Las élites políticas utilizan a los partidos para sus intereses
privados
En suma, como señalaba Javier Tajadura, la crisis de legitimidad del sistema tiene mucho que ver con el funcionamiento oligárquico de los partidos políticos, el profundo distanciamiento de los programas partidistas de su base militante; la pérdida de ideología que originó su organización como estructura; el diseño de estrategias de mera competencia electoral o de simple captación de votos, que muchas veces, ni siquiera son fieles en elecciones consecutivas; y la utilización, en definitiva, de estas organizaciones como «puentes» al poder, para la provisión de cargos y la obtención de prebendas, dejando de lado la acción colectiva propia de los primeros años de la democracia.
Es ante esta realidad que no debe extrañar que muchas demandas de la ciudadanía que no se ven satisfechas se reconduzcan a través de nuevas expresiones políticas que abanderan la crítica al fracaso de los partidos tradicionales (a los que se denomina “la casta”, con un término de reminiscencias michelianas). Y que, incluso, a la lumbre de algunas encuestas éstas estén en condiciones de disputar el Gobierno al bipartidismo hegemónico desde 1977, pese a los fuertes resortes, como el sistema electoral, que anclan vigorosamente el bipartidismo.

En este marco, PP y PSOE acordaron inicialmente trasladar al Parlamento el grueso de las medidas de regeneración democrática propuestas por el Gobierno. Ulteriormente, ante las detenciones de la Operación Púnica, el PSOE se apartó de dicho compromiso pretextando que el PP quería utilizar dicho pacto para “esconderse y esconder sus vergüenzas”. Ya se verá. Pero, por lo pronto, todas esas medidas dejaban de lado la madre de todos los problemas: el “poder” dentro del Estado ha recaído de forma asfixiante en manos de unos partidos que hace años monopolizan el acceso de los individuos al Estado y la representación del interés general. Y ese Estado de partidos es reflejo de cómo las élites políticas utilizan a los partidos para sus intereses privados, enmascarados como ideologías. Así lo afirmaba el estudio sobre la integridad política institucional en España realizado por Transparencia Internacional en 2012, para el que la clave radica en que “el marco institucional de la democracia española prima la búsqueda de la gobernabilidad sobre la garantía de representatividad, aunque, en la práctica, eso no garantiza que los Gobiernos sean eficaces”. En otras palabras: hoy por hoy, contra el signo de los nuevos tiempos, las oligarquías dirigentes son los únicos actores de la soberanía y tienden al control efectivo de todas las instituciones del Estado.

lunes, 1 de diciembre de 2014

'¡Crear o morir!'




Como hace siempre Oppenheimer, sus argumentos están sustentados por informaciones objetivas irrefutables. Por ejemplo, expone los datos del Registro de Marcas y Patentes de Estados Unidos. En 2014, Estados Unidos registró 147.000 patentes; Japón, 54.000; Alemania, 17.000; Corea del Sur, 16.000 e Israel, 3.200. A una distancia sideral aparecían España, con apenas 800, y toda América Latina, con 1.600. Iberoamérica, por tanto, está a la cola de la innovación.
¿Por qué sucede esto? "Porque en Latinoamérica diez millones de jóvenes quieren ser como Messi y nadie quiere ser el próximo Premio Nobel de Física", cuenta Oppenheimer desde Nueva York. "Los países latinoamericanos tenemos un serio problema. Nos estamos quedando atrás en un mundo en el que el trabajo mental es más importante y el manual lo es menos"
 Entre otros factores, Oppenheimer destaca que los innovadores florecen en las culturas que admiran la innovación. "Puede parecer algo de Perogrullo, pero no lo es cuando observamos qué sucede en los países latinoamericanos", explica el autor, que reclama a los gobiernos y a los empresarios que desarrollen más incentivos para los investigadores. "Tenemos que crear una cultura de admiración hacia el innovador, no odiarlos", recalca.

Y es que en la cultura latina, el fracaso, una característica propia de cualquier innovador, está muy mal visto. Lo contrario que sucede en otras latitudes. "Los hermanos Wright fracasaron 163 veces antes de lograr volar; el Ford T se llama así porque Ford fracasó en sus modelos A, B, C, etc...", recuerda Oppenheimer. "Ahora, en Silicon Valley admiran a los que fracasan porque allí saben que las mejores innovaciones son el último escalón de una gran cadena de fracasos".
Dicho lo anterior, parecería que España y los países latinoamericanos no tienen ninguna esperanza y se quedarán para siempre en el pozo de la innovación. ¿Es así? Pues según Oppenheimer, todo lo contrario. "Soy muy optimista", sorprende el autor. "Hace 40 años, Singapur o Corea del Sur eran países mucho más pobres y corruptos de lo que es ahora nuestra región, y sin embargo, se han convertido en uno de los que más patentes registran hoy en día, lo que demuestra que las culturas se pueden cambiar con cierta facilidad. Los países son como las personas, se les puede dar la vuelta con una rapidez impresionante. Es cuestión de hacer campañas públicas para que todo el mundo se dé cuenta de que tenemos que reinventarnos. En el mundo que viene, probablemente no valdrá aquello de 'quiero el mismo trabajo para toda la vida'. Hay que estar prepadado, hay que mejorar la educación, la cultura, fomentar leyes para los emprendedores y globalizar la innovación. Si nos ponemos las pilas, España y América Latina tienen mucho futuro".

martes, 25 de noviembre de 2014

Prestamistas ó bancos que mas da.





AQUÍ, mientras la noticia sigue siendo la mierda inagotable, los salarios insalubres, los jóvenes que huyen, el absurdo Nicolás y su alforja de sandeces, la gente estafada y los golfos intocables, una mujer de 85 años es expulsada de su casa de Vallecas como si fuese cartonaje. Carmen Martínez Ayuso, de 85 años, ha perdido su piso de siempre por la deuda de su hijo con un particular. Resulta increíble que a estas alturas no tengamos nada previsto para evitar quebrarle el sueño a una anciana y dejarla abandonada en la puta, indiferente y fría calle, con su bastoncito de sujetarse el miedo. Esto también es violencia. Y violencia de género.
A esta mujer que sólo sabe ser pobre le están aplicando un máster rápido en miseria. Da cierta vergüenza bajar al entresuelo de estas cosas, pero es que estas cosas aún ocurren. Queremos estar en la pomada y fingir la Marca España (y otras tantas idioteces) mientras seguimos echando viejos por los balcones como un escombro de ojos que lloran solos. Cuando la ley ampara a un tío para sacar de su piso a un viejo estamos ante una mierda de ley y ante un remiendo de tío. Aquí la lección la han dado los de la PAH y los del Rayo Vallecano, que han salido a darle amparo. Ése es el fútbol que mola. Carmen es de Vallecas y entre las gentes del barrio existe aún cierta nobleza. El Rayo también es pobre, pero sabe que el miedo de esta mujer espantada es un rasgo de dignidad y no un lamento mendicante.
El Rayo pagará un piso donde alojarla más por compromiso que por caridad, mientras el Ayuntamiento de Madrid esquiva este marrón humanitario ocupado en lañar las grietas dejadas dentro por los corruptos que albergó o que aún protege. Carmen pertenece a ese lugar callado de la vida que es la vejez, donde los solos se van quedando más solos. La vida les está durando más que la biografía y eso no gusta ni a las inmobiliarias ni a los desaprensivos. Su sucia burocracia acorta la vida que la ciencia alarga. Para ellos un viejo es un piso súbito y no ese patriarca (o matriarca) que da sombra de sabiduría. Son los grandes de la tribu los que nos enseñan tantas veces a ser jóvenes. Pero hay hijos de puta dispuestos a talarlos porque ya no son rentables. Aquí se mitifica cínicamente la juventud, porque es un mercado incesante, mientras se desconecta civilmente a los viejos. Y ese cruento trapicheo se nos nota. Arrebatarle a un viejo su casa es desguazarlo prematuramente y en crudo. Ellos, con los pies en su brasero, son el velamen de nuestra memoria antepasada. Esa erudición de tiempo ido bajo el solete de invierno. Y el Rayo lo sabe.



martes, 11 de noviembre de 2014

ESCÁNDALO: Los “sátrapas” de Bruselas aprobaron, para sí mismos, jubilación a los 50




ESCÁNDALO: Los “sátrapas” de Bruselas aprobaron, para sí mismos, jubilación a los 50

En Bruselas no hay pozos de petróleo, pero como si los hubiera, nadan en dinero (el nuestro).
ESCÁNDALO: Los “sátrapas” de Bruselas han aprobado, para sí mismos, la jubilación a los 50. ¡Viva la Europa de los ladrones! - La jubilación a los 50 para los funcionarios de la Unión Económica Europea ha sido aprobada con pensiones mensuales de 9.000€. ¡Es normal que no quede nada para nosotros! Habréis notado que los políticos tienen un gran interés por entrar en la Administración Europea , ¿por qué? ... Muy simple, este año 340 funcionarios se jubilan con 50 años y una pensión vitalicia de 9.000€ mensuales (no es una coña, son 340 jubilados x 9.000€/mes x 12 meses x 40 años = 1.468.000.000€ que tendremos que pagar nosotros y nuestros hijos). Y esto es solo una muy pequeña parte.
De este modo dejan sitio a nuevos funcionarios de los países que últimamente han entrado en UE (Polonia, Malta,… todos tienen derecho a un trozo de teta). ¿Quién paga esto? Nosotros, que hemos trabajado y contribuido para lograr una pensión vergonzosa, mientras que los que hacen las leyes se hacen regalos como este. La diferencia entre ellos –los dioses del Olimpo- y nosotros –los currantes- es ya demasiado importante, abusan de nosotros y nuestra paciencia de forma desvergonzada.
ESTOS ALTOS FUNCIONARIOS DE BRUSELAS SON UNA VERDADERA MAFIA. Los tecnócratas europeos disponen de unas pensiones que ni siquiera los parlamentarios tienen, que ya es decir.
Giovanni Buttarelli, controlador adjunto de protección de datos, tendrá derecho a una pensión de 1,515€ mensuales tras 1 año y 11 meses de servicio. Más que un ciudadano corriente tras 40 años de cotización. Su colega, Peter Hustinx, después de 10 años de servicio obtendrá una pensión de 9.000€ mensuales. Es sencillo, nadie les pasa cuentas y hacen lo que ellos quieren.
Roger Grass, procurador en el Tribunal Europeo, se marcha con 12.500€ mensuales. Pernilla Lindh, juez de tribunal de primera instancia, 12.900€ al mes. Ruiz-Jarabo Colomer, español, abogado general, 14.000€ al mes. Podéis ver una lista en francés en:http://www.sauvegarde/% <http://www.sauvegarde/%20retraites.org/docs/Retraite_Hauts_fonctionnaires_europeens_Annexe_3_Etude_27.pdf> 20retraites.org/docs/Retraite_Hauts_fonctionnaires_europeens_Annexe_3_Etude_27.pdf <http://20retraites.org/docs/Retraite_Hauts_fonctionnaires_europeens_Annexe_3_Etude_27.pdf____>
En esa lista aparece un tal Jacques Barrot ( 73 años) con una pensión de 4.728,60 € por 5 años como comisario europeo de transportes. A esa hay que añadir su pensión como antiguo diputado en Francia, la de ex ministro, la de ex presidente del Consejo General de la Haute Loire , la de alcalde de Yssingeaux y, como corona final, el 23 de febrero de 2010 lo nombraron miembro del Consejo Constitucional. Es como si, en la misma jornada, te tocara la lotería, el euromillón, el bonoloto y la quiniela.
Para ellos, solo con 15 años de servicio, 70% de su último salario como pensión, además de poder acumular pensiones. Nosotros hemos de trabajar 40 años (dentro de nada serán 42) y cobramos menos. El sistema de pensiones además dicen que está en quiebra (meter miedo para rebajarlas), cada vez nos piden que trabajemos más años para tener derecho a una exigua pensión, pero para ellos con 15 años basta y además se ponen pensiones millonarias y varias.
Se están burlando de nosotros en la cara, nos están ordeñando. Antes eran solo los miembros de la Comisión Europea , ahora hay que sumar jueces, abogados, procuradores, mediadores, controladores,… toda una caterva de sanguijuelas. Y lo mejor:NO COTIZAN UN CÉNTIMO, PAGAMOS NOSOTROS.
Todos ellos ocupan esos puestos para asegurar que “se cumplan las leyes”, que “los costes sean lo más bajos posible”… ¡Bonito ejemplo! Y además nos dan lecciones sobre presupuestos, nos juzgan, crean directivas para ahorrar,… Yo creo que es una provocación.
Deberíamos tomar medidas o no nos quedará nada. Recuerdo a nuestros antepasados en la Edad Media , tenían un rey o un señor feudal que les agobiaba con impuestos. Si no pagaban podían perder una mano, o un hijo, o una vaca. Creo que tenían suerte, los de ahora no necesitan usar ese tipo de violencia tan escandalosa, basta con hacer una ley que les permite entrar en tu cuenta y sacarte el dinero sin avisarte, o cargarte un recargo del 300% por algo que no has pagado a tiempo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Por mi parte como si le roban la corona al Rey.

Por mi parte como si le roban la corona al Rey.





Veamos:
 si cualquiera puede acercarse de esta forma al Rey, támbien le podrian pegar dos tiros;
 Esto de muestra la incompetencia del Ministro de Interior y de su panda de consejeros que no estan a ninguna altura, ni de circunstancias ni de trabajo, siguen actuando a su antojo, sin importarles las consecuencias de sus actos, es una representación más de su inutilidad, por eso tendrian que dimitir.


El 75% del Gobierno Aznar está imputado, cobró
 sobresueldos o                                                                                           duerme en prisión

El presidente y once de los 15 ministros del penúltimo Gabinete 

DEL PP EN LA ÉPOCA DEL PRESIDENTE DE FAES ESTÁN EN LA CÁRCEL,

 IMPUTADOS O FIGURAN EN LA CONTABILIDAD DEL PP INVESTIGADA EN

 EL 'CASO BÁRCENAS' POR PRESUNTA FINANCIACIÓN ILEGAL.

Mientras el PP tenga mayoría absoluta, no habrá una comisión de investigación en el Congreso sobre el uso de las tarjetas black. Los conservadores se han vuelto a negar a esta propuesta de la Izquierda Plural durante la Junta de Portavoces de este martes. Según los asistentes a la reunión, el debate no ha durado ni un minuto.


La investigación judicial del caso Bankia marca un antes y un después en la política española. Los partidos que tuvieron representantes en Caja Madrid están tomando medidas en las que valoran mucho la necesidad de mostrarse reactivos. Recientemente el PSOE expulsó sumariamente a una decena de afiliados que habían desempeñado cargos en esa entidad y usado sus tarjetas opacas, y ahora una persona de tanta relevancia en el Partido Popular como Rodrigo Rato ha pedido la suspensión de militancia. Todo esto contribuye a crear la sensación de que la corrupción y las prácticas abusivas se extienden inconteniblemente, cuando la realidad es que se trata de un ajuste de cuentas con el pasado.
Lo positivo es que todo esto apunta una línea más dura no solo contra la corrupción, sino respecto de prácticas que, delictivas o no, deberían haber sido aclaradas por los partidos, incluso a través de vías parlamentarias. Que Rato se aparte del PP no quiere decir que se hayan resuelto las presuntas implicaciones de este partido en la corrupción: el juez del caso Bárcenas llama ahora a declarar como imputado a Ángel Acebes, ex secretario general del PP, en la investigación por una pieza separada del caso Gürtel —que, por cierto, lleva seis años en tramitación—.Personas de relevancia en la esfera pública no pueden esperar comprensión social cuando se ha sabido que derrochaban el dinero en extravagancias o gastos suntuarios mientras se perdían los ahorros de decenas de miles de clientes en operaciones de alto riesgo de las cajas de ahorros. Pero es verdad que pueden cometerse injusticias al no distinguir suficientemente entre la responsabilidad de quienes construyeron el sistema que ha permitido las prácticas abusivas o fraudulentas y la de los que lo continuaron; entre quienes eran conscientes de que estaban recibiendo dinero negro y los que no. La investigación judicial debe aclararlo. Pero la gente ya no soporta la espera de sentencias definitivas, ni siquiera aguarda la imputación formal de los implicados. Se entienden los motivos, aunque no deja de inquietar la despreocupación por el derecho a la defensa.
La presión social sobre la política no se acompasa con los progresos de una maquinaria judicial tan inexorable como lenta. En vísperas de un año electoral, la ejemplaridad en la esfera pública ha pasado a ser un valor esencial.